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8 de noviembre de 2010

“Armas no había, las armas era pensar”

Carmela Frattasi es una de las tantas inmigrantes italianas que llegó a nuestro país a comienzos del siglo pasado. Con un marcado acento que no se ha borrado a pesar de los años viviendo en Argentina, relató sobre el secuestro de su hermana Generosa Frattasi, enfermera del hospital Isidoro Iriarte de Quilmes. “Mi hermana desapareció el 14 de abril de 1977”, comenzó y contó cómo se enteró de su secuestro: el telefonista y el portero del lugar donde trabajaba Generosa fueron testigos directos. También detalló todos los lugares donde buscó información sobre su hermana y agregó que hace sólo unos meses lograron recuperar sus restos. Finalmente indicó que recién en 1984 se enteró de la razón de su desaparición: por el caso de una parturienta secuestrada que fue llevada al hospital en donde trabajaba Generosa a tener familia.

A continuación, Héctor Pérez Cid, hermano de Luis Pérez, ingresó a la sala de audiencia con el libro “Memoria del Infierno” (de Jorge Federico Watts, sobreviviente de El Vesubio), y se los enseñó a los presentes. Luego emprendió un encendido relato. Su hermano era bancario, dirigente sindical y “sencillamente tenía ideas”, indicó. El secuestro de su hermano y las condiciones de detención las conoció tiempo después por los relatos de los sobrevivientes. Contó que luego del secuestro, una madrugada camino a la fábrica en donde trabajaba, un grupo de individuos se bajaron de tres autos, le apuntaron con un arma en la cabeza y le dijeron “callate la boca porque vas a terminar como el abuelo”, en referencia a su hermano.

Relató que cuando se enteró del secuestro fue a la casa de sus padres a quemar los libros de su hermano, y que tiempo después una patota realizó un “allanamiento” buscando armas. “Mi hermano no tenía revolver, tenía palabras”, señaló.

Por último, Ulda Viana de Hochman, pareja de Abraham Hochman, brindó su testimonio. Antes de comenzar el relato sobre el secuestro, describió a Abraham. Habló sobre su militancia y agregó que los padres de Abraham fueron sobrevivientes del Holocausto. Luego pasó a relatar lo acontecido aquella madrugada del 17 de agosto de 1978, cuando una patota se presentó en su casa y se llevaron a su marido: “aquellos momentos me hacen muy mal”, dijo Ulda.

Hochman era uno de los pocos abogados que, por aquellos años, tenía el coraje de firmar los habeas corpus por los desaparecidos. Contó que tras la caída de varios compañeros de militancia de Abraham tuvieron que irse de su casa. “Estuvimos un mes dando vueltas”, recordó, pero ese 16 de agosto no tenían donde ir y decidieron volver. Por la madrugada golpearon la puerta y Abraham le preguntó “¿qué hacemos?”, a lo que Ulda respondió “entre que te maten a balazos… tenés una hija de 1 año”. Decidieron abrir la puerta y la patota irrumpió. “Parece una película”, dijo, y explicó que buscaban documentos y armas, pero “armas no había, las armas era pensar”. Luego se lo llevaron, “esa fue la última vez que lo vi a Abraham”, indicó.

En las últimas palabras de su testimonio rescató la figura de los sobrevivientes y lo importante que fueron y son para los familiares. Y destacó: “en mi historia personal para mi es una despedida y lo que quisiera es agradecer… primero al compañero de vida que tuve. Los años que compartimos, los ideales, la idea de justicia, porque la llevó con el cuerpo en aquellos años tan oscuros. Agradecerles a ustedes [en referencia a los jueces]. Y me siento muy orgullosa realmente de participar de esta sociedad y de estar en esta sociedad, porque no todas las sociedades han hecho lo que ésta ha hecho con estos temas”.

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