2a94 El Vesubio » 2010 » diciembre » 06
Inicio

Archivo diciembre 6th, 2010


6 de diciembre de 2010

“Por todos y cada uno de los compañeros que pasaron por el Vesubio”

Ricardo Cabello era un chico de 15 años cuando fue secuestrado en la madrugada del 25 de agosto de 1977. Aquella noche una patota entró a su casa humilde que “no tenía puerta atrás, así que entraron por atrás”, indicó y agregó: “sentí unos golpes y cuando me desperté tenía a dos personas que me estaban apuntando en la cabeza”.

Antes de comenzar su relato, y tal como lo marca el rito de juramento que el código impone, Ricardo decidió remarcar el motivo de la verdad en su declaración: “por todos y cada uno de los compañeros que pasaron por el Vesubio”.

Describió las torturas a las que fue sometido tanto él como sus compañeros de cautiverio y detalló las condiciones de detención. “Era espeluznante”, resumió y aclaró: “ellos seguían su vida muy tranquilos”, en referencia a la rutina de sus captores fuera del campo de detención. También contó que Roberto Zeoliti, alias “el sapo”, lo mostraba a las detenidas diciendo “miren, tiene 15 años”, mientras que los guardias le contaron que allí había estado detenido un chico de su misma edad: era Pablo Míguez.

Su proceso de legalización también fue traumático. Lo llevaron a la comisaría de San Justo, donde permaneció por más de un año. Al cumplir los 16 años fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo y enviado a la Unidad 9. Contó que mientras estaba en la comisaría, la madrugada del 17 de octubre de 1977, un capitán fue a “visitarlo” y estuvo a punto de matarlo. “Me sentí perdido y lo insulté”, rememoró, y gracias a la intervención de un cabo se frustró el intento de asesinato. Esa noche habían sacado de la comisaría a otros dos secuestrados quienes días después aparecieron en la portada de los diarios como muertos en un enfrentamiento. Ese podría haber sido el destino de Ricardo.

Los traslados de los secuestrados en el Vesubio se hacían en el turno de las guardias menos “malas” porque de esa manera “los detenidos podían irse un poco más tranquilos”, explicó Ricardo. A continuación detalló: “todos tenían una letra y un número. Los Montoneros eran ‘M’, los del ERP ‘E’, y después estaban los ‘V’, que se supone que significaban ‘varios’”.

Por último, hizo referencia a las secuelas de esta experiencia: “mirar a estos tipos me da asco. ¿Qué otra cosa puede sentir una persona que a los 15 años fue tratado de esa manera?”. Ricardo tiene a un hermano y una cuñada desaparecidos. “Cuesta volver a revivir todo eso”, agregó. Finalmente clausuró su relato con la mirada puesta en los imputados y les dijo a los presentes: “yo soy un tipo que vive feliz, con mi compañera, con mis hijas, mi hijo, mi nietita. Y sigo militando, sigo participando en política. Hoy no estoy perseguido, y ellos están ahí, presos, son reos”.

Luego declaró Horacio Verstraeten, colimba de la clase ‘58, acerca de los hechos del 24 de mayo de 1977, día en que 16 personas que estaban detenidas en el Vesubio aparecieron muertas en un supuesto enfrentamiento en la localidad de Monte Grande. Verstraeten relató que esa madrugada fue llevado junto a otros colimbas que se encontraban haciendo la conscripción en el Regimiento 3 de Infantería a una casa en Monte Grande. Allí se produjo un enfrentamiento, entraron a una casa y les ordenaron disparar a los cuerpos que se encontraban en el piso de la vivienda; los disparos de un compañero le mancharon de sangre la cara. Luego de ello escuchó los gritos de dos mujeres desde el fondo de la casa y recordó: “pedían que no las mataran, que las ayudaran, gritos de auxilio”. Los gritos fueron seguidos por ruidos de disparos, fogonazos y silencio. “Yo no vi como las mataban, escuché como las mataban”, aclaró. El testigo dijo que cuando le ordenaron disparar dentro de la casa a las personas que estaban en el piso, él tiró hacia cualquier lado. Sin embargo, fue curiosa su respuesta ante la pregunta del fiscal sobre el motivo por el cual no hizo puntería: para no mancharse con la sangre que salpicaba, indicó.

También explicó que desde el Regimiento se hacían dos tipos de procedimientos: uno oficial, usando los respectivos uniformes que los identificaban y, por otro lado, los operativos de civil, sin uniformes ni autos identificables.

INICIO

0