“Me gustaría saber si saben algo de mi compañera”
Desde Madrid y mediante videoconferencia, Noemí Fernández Álvarez y Juan Enrique Velásquez dieron sus testimonios de lo vivido en el Vesubio. Noemí fue la primera en declarar, rememorando la noche del miércoles 2 de junio de 1976 cuando una patota la secuestró, momentos después de haberse llevado a Horacio Vivas.
Según sus estimaciones, por la habitación donde estuvo cautiva en el Vesubio pasaron unas cincuenta personas. Los guardias eran los encargados de mantener a los prisioneros con vida para que sean torturados, los llevaban desde y hacia la tortura. Esperar a que los guardias accedieran a llevar a los detenidos al baño era “una tortura adicional”, continúo Noemí. Además las mujeres debían hacer sus necesidades con la puerta abierta ante la mirada de los guardias, situación “humillante y despersonalizante”, tal como describió la testigo.
Recordó que el 20 de junio de aquel año (el recuerdo de la fecha está muy presente, ya que ese día se festejaba el día del padre y uno de los detenidos tenía un niño muy pequeño), los guardias les comunicaron que un grupo de ocho personas serían “trasladas a Neuquén”. Ella formaba parte de aquel selecto grupo, que también incluía a Gleyzer y Conti, entre otros. Finalmente Noemí fue excluida del traslado, lo cual le produjo una cierta tristeza, explicó. Los guardias le aclararon que el “traslado a Neuquén” significaba la muerte y que ella se había salvado.
También describió el terror que sintió el 28 de junio de 1976, cuando fue sacada del Vesubio para su liberación: “estaba tan aterrada, tenía tanto miedo. Durante mucho tiempo no podía salir a la calle”. Noemí recordó que cuando se estaba empezando a recomponer, fue nuevamente secuestrada el mes de noviembre de ese mismo año. En esta segunda oportunidad fue llevada a otro centro. Allí un torturador le advirtió que debía irse del país, “si no sos boleta”. Desde aquel momento Noemí vive en España.
Entre lágrimas y reteniendo el aliento, Noemí dijo: “me rompió la vida, tenía 20 años”, para describir lo que esta experiencia implicó para ella. “No es fácil revivir aquello”, cerró, y sus ojos revelaban que en ese preciso instante estaba allí, de nuevo en 1976, de nuevo en el Vesubio.
Luego brindó su testimonio Juan Enrique Velásquez, quien fue secuestrado junto con su compañera Elba Lucía Gándara, quien se encuentra desaparecida. Su relato comenzó en la madrugada del 18 de febrero de 1977 cuando un grupo de personas, de civil y fuertemente armadas, irrumpieron en su casa. Sus cuatros hijos, todos niños, presenciaron el secuestro y la golpiza que recibió la pareja. Luego le vendaron los ojos a Juan y le ataron las manos con el cable de la plancha. Después lo tiraron en una zanja con agua y barro, previo a meterlo en el baúl de un auto donde pasó “unas cuantas horas”, indicó.
Describió las condiciones de detención y las torturas a las que fue sometido. Mientras estuvo detenido en el Vesubio, Juan contó que por allí pasaron más de 50 personas que “eran sacadas a otro lugar para torturarlas”. Luego de su liberación no pudo ver a sus hijos por seis meses y agregó que cuando salió “estaba muy flaco, apenas si podía caminar”.
Antes de recuperar la libertad, Juan fue llevado a despedirse de Lucía. Aquella fue la última vez que pudo verla. Hoy, desde España, y videoconferencia mediante, finalizó su declaración con un pedido: “me gustaría saber si saben algo de mi compañera”.





