El cordón sanitario y sus límites
Alemania ocupa en el marco comparado de MIDA una posición singular: es uno de los países en los que la ultraderecha no controla el ejecutivo federal, pero donde su influencia sobre la agenda política es creciente y verificable. La AfD (Alternative für Deutschland) —que en las elecciones federales de febrero de 2025 obtuvo el segundo lugar con alrededor del 20% de los votos— ha logrado desplazar el centro de gravedad del debate político en materia migratoria, de seguridad y sobre libertades civiles, empujando a los partidos del arco tradicional a adoptar posiciones que, en otro contexto, habrían sido consideradas propias de la extrema derecha.
El período analizado ilustra con claridad esta dinámica. Por un lado, el gobierno saliente —la coalición «semáforo» liderada por los socialdemócratas (SPD), los verdes y los liberales (FDP)— adoptó en 2024 medidas de endurecimiento del control migratorio que representan concesiones directas al discurso de la AfD. Por otro lado, el nuevo gobierno de coalición CDU/CSU (Unión Demócrata Cristiana y su partido hermano bávaro, la Unión Social Cristiana)–SPD, conformado tras las elecciones de febrero de 2025, anunció en sus primeros meses un programa que incluye la flexibilización de la jornada laboral, además de continuar con restricciones migratorias.
Al mismo tiempo, el período registra una sociedad civil activa: manifestaciones masivas contra la AfD y contra el endurecimiento de las políticas migratorias y de asilo, insistencia en la protesta social pese a las restricciones y la represión de protestas contra el genocidio en Gaza, avances normativos en materia de derechos LGBTQ+ y, con la aprobación de la Ley de Asistencia contra la Violencia de Género en febrero de 2025, un avance concreto. El caso alemán es, en ese sentido, un ejemplo de la tensión entre la presión de la ultraderecha sobre el sistema político y la resiliencia democrática de distintos sectores de la sociedad.