Panorama general
El área de derechos sexuales y reproductivos es la más densa del período brasileño, tanto en número de eventos como en la complejidad del cuadro que presenta. El ejecutivo federal impulsó avances significativos en derechos LGBTQIA+, en la lucha contra los femicidios y en la construcción de una Política Nacional de Cuidados. Al mismo tiempo, el Congreso y actores del sistema judicial con apoyos de la corporación médica generaron retrocesos y amenazas que el gobierno debió disputar judicialmente. Esta dinámica de avance y resistencia simultáneos es el rasgo más característico del caso brasileño en torno a este conjunto de derechos.
Derechos LGBTQIA+, cuidados y agenda contra femicidios
Desde el inicio del período, el gobierno federal mantuvo una agenda activa en derechos LGBTQIA+. En junio de 2024 se lanzaron los programas Acolher+, Empodera+ y Bem Viver+, con inversión superior a R$ 8 millones, orientados a garantizar inclusión laboral y casas de acogida para personas LGBTQIA+ en situación de calle. En la misma fecha, el gobierno firmó un acuerdo de cooperación técnica con Fundacentro para la implementación de Empodera+. Además, el Consejo Nacional de Justicia y el gobierno federal firmaron un acuerdo para implementar el Formulario Rogéria, registro de emergencia para personas LGBTQIA+ en riesgo. En enero de 2025, se lanzó la Agenda Nacional de Enfrentamiento a la Violencia contra Personas LGBTQIA+, con acciones intersectoriales federales. En febrero de 2025, más de 21.000 personas participaron en conferencias estaduales preparatorias para la 4ª Conferencia Nacional LGBTQIA+, que se realizó en octubre de ese año y fue convocada por decreto presidencial.
Tal como señalan en el sitio web de la Conferencia: “A la luz del compromiso del actual Gobierno Federal con la participación social, se estableció un nuevo Consejo para los Derechos de las Personas LGBTQIA+ mediante el Decreto N.º 11.471, de fecha 6 de abril de 2023. -El Consejo anterior había sido eliminado por decreto durante el gobierno de Jair Bolsonaro-. Asimismo —también como expresión de este compromiso— el Gobierno Federal convocó la 4.ª Conferencia Nacional sobre los Derechos de las Personas LGBTQIA+ mediante el Decreto N.º 11.848, de fecha 26 de diciembre de 2023, bajo el lema «Construyendo la Política Nacional sobre los Derechos de las Personas LGBTQIA+».”
En materia de violencia de género, el gobierno lanzó en agosto de 2024 la movilización nacional «Femicidio Zero», con inversiones acumuladas de R$ 389 millones desde 2023 para casas de protección y servicios de atención a mujeres en situación de violencia. En octubre de 2024, Lula promulgó una ley que elevó la pena para el delito de femicidio a un mínimo de 20 y un máximo de 40 años de prisión, convirtió el femicidio en un delito específico con artículo propio para facilitar su identificación estadística e incorporó agravantes importantes, incluyendo la inhabilitación para ocupar cargos públicos de quienes sean condenados por delitos graves contra mujeres. En febrero de 2025, el Supremo Tribunal Federal extendió las medidas de protección de urgencia de la Ley “Maria da Penha” -así nombrada en homenaje a Maria da Penha Fernandes, la mujer que reclamó justicia por los dos intentos de asesinato sufridos a manos de su pareja- a mujeres travestis y transexuales.
En diciembre de 2024, Lula promulgó la Política Nacional de Cuidados —elaborada por más de 20 ministerios y aprobada casi por unanimidad en el Congreso—, el primer marco normativo en Brasil que reconoce el cuidado como derecho humano y establece la corresponsabilidad entre Estado, mercado, familias y comunidad. En el mismo mes, el Conselho Nacional dos Direitos da Criança e do Adolescente (CONANDA) aprobó la Resolución 258/2024 estableciendo protocolos de atención humanizada para niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, garantizando su acceso al aborto legal. Un tribunal paulista emitió en marzo de 2025 una decisión inédita que reconoció el “stealthing” —retirada del preservativo sin consentimiento— como violencia sexual análoga a la violación, habilitando el acceso al aborto legal en esos casos.
El Supremo Tribunal Federal: un actor clave en la defensa de derechos
El STF actuó en el período como un actor de defensa relevante frente a los intentos de retroceso. En junio de 2024, por unanimidad, ratificó que las personas trans tienen acceso a todos los tratamientos disponibles en el Sistema Único de Saúde (SUS), convirtiendo en vinculante una medida que había sido dictada en 2021. En el mismo mes, el pleno del STF decidió en el marco de la Acción Directa de Inconstitucionalidad 5668 que las escuelas públicas y privadas tienen la obligación de combatir discriminaciones por género, identidad de género y orientación sexual, incluyendo el bullying machista y homo-lesbo-transfóbico. El ministro del STF Alexandre de Moraes suspendió además la resolución del Consejo Federal de Medicina que buscaba restringir el aborto legal en casos de violación de más de 22 semanas.
Retrocesos y amenazas desde el Congreso y la corporación médica
Frente a este cuadro de avances, la oposición bolsonarista y sectores conservadores del sistema institucional buscaron generar retrocesos y amenazas. El 12 de junio de 2024, la Cámara de Diputados aprobó en régimen de urgencia —en una sesión de apenas 23 segundos— el Proyecto de Ley 1904/2024, que equiparaba el aborto a partir de la semana 22 con homicidio simple, con penas de hasta 20 años de prisión, incluso en casos de embarazos producto de violación. El proyecto no llegó a implementarse: el Consejo Federal de la Orden de los Abogados de Brasil lo declaró inconstitucional por aclamación y la movilización social fue inmediata y masiva. En diciembre de 2024, la Resolución 258/2024 del CONANDA sobre aborto legal para niñas víctimas de violación fue suspendida por orden de un juez federal a pedido de la senadora Damares Alves —ex ministra de Bolsonaro—, aunque la suspensión fue revertida judicialmente en enero de 2025.
En el área de derechos trans, el Consejo Federal de Medicina aprobó en abril de 2025 una resolución que prohibió el uso de bloqueadores de pubertad y terapias hormonales para menores de 18 años y estableció que las cirugías de afirmación de género sólo pueden realizarse a partir de los 21 años —una medida que va en sentido diametralmente opuesto a los estándares internacionales en salud trans y que proviene de un actor corporativo con poder normativo sobre la práctica médica. En junio de 2025, dos proyectos presentados en el Senado buscaron reservar baños exclusivamente para mujeres cisgénero y restringir la participación de personas trans en el deporte femenino, parte de una tendencia más amplia: en el primer semestre de 2025, el Senado acumuló cinco proyectos anti-LGBTQIA+.
Resistencias de la sociedad civil
La respuesta de la sociedad civil fue activa y articulada. En junio de 2024, hubo manifestaciones masivas en São Paulo, Río de Janeiro y otras ciudades contra el proyecto de ley 1904/2024. El 15 de junio, miles de personas protestaron en Río de Janeiro, São Paulo y Brasília bajo la consigna de rechazo a la equiparación del aborto con homicidio. En marzo de 2025, miles de mujeres marcharon en las principales ciudades del país en el Día Internacional de la Mujer, en contra de los femicidios, por la despenalización del aborto y por más recursos para políticas de género, en un contexto de cifras récord de femicidios en 2024.
Como dato de contexto relevante, un informe oficial de agosto de 2024 sobre los dieciocho años de la Ley Maria da Penha señaló que los avances legislativos no han logrado revertir el aumento de la violencia. En 2023, las agresiones contra mujeres aumentaron en el país un 9.8%, alcanzando 258,941 casos denunciados. El número de mujeres amenazadas creció un 16,5%, con 778.921 casos registrados, mientras que los incidentes de violencia psicológica se dispararon un 33.8%, sumando 38.507 casos. Esta brecha entre el marco normativo y la realidad vivida por las mujeres es un indicador importante de los límites del avance institucional.