¿Cómo fue la represión durante la última dictadura?

Las Fuerzas Armadas pusieron en marcha un plan criminal para eliminar a la oposición política y social. Bajo las órdenes de los militares, también lo llevaron a cabo las fuerzas de seguridad, los servicios penitenciarios y los espías del Estado. Todo ilegal y clandestino. Contaron con el apoyo y hasta la complicidad y la participación activa de empresarios, jueces, integrantes de la Iglesia y otros sectores de la sociedad. La represión siguió casi siempre los mismos pasos: el secuestro, la detención sin registro en un centro clandestino (que era la forma de desaparecer en vida), la tortura, el asesinato y la desaparición final de los cuerpos.

Los secuestros podían ocurrir en cualquier momento y lugar: en una casa, en la calle, en el lugar de trabajo, en la escuela o en la universidad. Lo más habitual era en las casas y de madrugada. Las personas detenidas-desaparecidas eran trasladadas a los centros clandestinos, que fueron como campos de concentración: ahí permanecían secuestradas por días, meses o hasta años. Estaban con los ojos tapados (el llamado “tabique” o “capucha”), sin poder hablar y gran parte del tiempo sin poder moverse o higienizarse. Sufrían torturas, violencia sexual, malos tratos y en algunos casos la obligación de trabajar para los represores. En la Argentina hubo más de 800 centros de este tipo con condiciones inhumanas, como la mala y poca comida, las celdas ínfimas sin luz y los baños ruinosos.

La dictadura además implementó un sistema con el que secuestró a más de 500 bebés, niños y niñas, les cambió la identidad por la fuerza e intentó que nunca supieran su historia. A las mujeres embarazadas que fueron secuestradas, las hicieron parir en los centros clandestinos y les quitaron sus bebés. Participaron médicos, parteras, enfermeras e integrantes del Poder Judicial que ayudaron a registrar con datos alterados los nacimientos o las supuestas adopciones. A veces las criaturas eran víctimas directas del operativo ilegal que se llevaba a su mamá o su papá y estaban un tiempo en un centro clandestino, antes de la entrega a la familia falsa, que en muchos casos estaba relacionada a los militares o a las fuerzas de seguridad. Si escuchaste hablar de las Abuelas de Plaza de Mayo, fue a través de su búsqueda y su lucha que hasta 2025 se restituyó la identidad de 140 personas, sus nietos y nietas, a quienes la dictadura les había robado su origen y, a la mayoría, desaparecido o asesinado a su verdadera familia.

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El robo de pertenencias y bienes también fue parte del plan de represión. Luego de los operativos de secuestro, militares y policías saqueaban las casas y se llevaban todo en camiones. También hubo casos en los que se quedaron ilegalmente con propiedades de personas secuestradas: falsificaban los documentos o forzaban la firma de una venta sin ningún dinero a cambio.

Las personas detenidas-desaparecidas tuvieron distintos destinos. Algunas fueron “legalizadas” y pasaron a cárceles comunes; otras fueron liberadas; otras asesinadas y sus cuerpos enterrados sin identidad en cementerios o en fosas clandestinas. Para matar y hacer desaparecer miles de cuerpos inventaron métodos muy específicos.

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