Los métodos fueron inhumanos, estudiados y planificados. Muchas veces, las personas eran obligadas a presenciar la tortura de otras para dañarlas psicológicamente. En algunos casos, la tortura era simular un fusilamiento y generar el terror a morir. Las torturas físicas eran con golpes, pasaje de corriente eléctrica en todo el cuerpo y distintos tipos de asfixia. Muchas víctimas (mujeres, varones, travestis y trans) también fueron sometidas a abusos y violaciones sexuales. Si eras mujer, parte de la tortura podía ser forzarte para tener un embarazo u obligarte a abortar.
Después del secuestro y la tortura, en muchos casos siguió el asesinato y la desaparición definitiva. Hacer que los cuerpos nunca pudieran ser encontrados fue una parte crucial del plan: ocultar qué había pasado con cada persona, negar su detención, impedir que las familias supieran y eliminar las evidencias.
En el centro clandestino que estaba en la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), en la Ciudad de Buenos Aires, uno de los métodos de asesinato y desaparición de los cuerpos fue los “vuelos de la muerte”. A las víctimas las llamaban por un código de letras y números (asignado para anular su nombre), les inyectaban una droga y las llevaban en camiones hasta las bases aéreas. Ahí les quitaban la ropa y las subían a aviones o helicópteros. En pleno vuelo eran arrojadas al Río de la Plata o al mar. Morían ahogadas o por el impacto de la caída. Esto se supo a partir del hallazgo de cuerpos en las playas de Santa Teresita y en Uruguay. Otra forma fue meter a las personas dentro de barriles con cal y cemento y empujarlas también a un río. En otros casos, los cuerpos fueron incinerados en parrillas: a eso los represores le llamaban “asaditos”.

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Las desapariciones generaron miedo e incertidumbre en las familias, en quienes militaban y en toda la sociedad. Era un modo de intimidación contra toda organización política, solidaria o colectiva. Si vivías en ese momento era muy difícil entender cómo era la represión, qué podía pasar o a quién le podía tocar. La incertidumbre sobre si alguien estaba con vida o no mantenía indefinidamente a las familias entre la esperanza y el miedo: temían que cualquier denuncia o acción pudiera poner en riesgo a quien buscaban.
Ocultar los cuerpos además fue una forma de buscar impunidad, que no se pudiera denunciar la gran cantidad de asesinatos, ni probar esos crímenes ni culpar a sus responsables.

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Podés buscar la película Traslados.
¿Sabés qué hace el Equipo Argentino de Antropología Forense?
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