Sirve para darte cuenta que hay cosas impensables que es posible que sucedan: muestra los extremos a los que pueden llegar la represión y la violencia estatal. Hacer memoria también sirve para aprender formas de resistir y luchar contra el autoritarismo.
La historia no se repite de la misma forma, pero deja marcas. Conocer cómo se organizó la censura, la persecución y el uso del terror en otros momentos sirve para leer otras situaciones y hacer nuevas preguntas sobre el presente.
La década del setenta te puede parecer lejana, pero muchas discusiones siguen abiertas. Hoy podés ver las movilizaciones por la universidad pública, por las jubilaciones, por los derechos laborales. No surgieron de la nada: forman parte de un largo recorrido de organización social colectiva.
Estas experiencias dicen algo en concreto: los derechos no están dados, son parte de una historia de luchas. Reclamarlos y defenderlos es necesario para cambiar el presente y lograr el futuro que queremos.